Alguien ha decidido poner los grandes hits de Manolo García. No me importaría si no fuesen las 22:34 y no tuviese que tener la venta abierta por el calor.
No le he recogido la ropa tendida a mi madre.
Estoy en mi piso, ese que casi nunca piso porque me siento especialmente sola cuando lo hábito.
Sigue lloviendo
De repente es lo más bonito del verano, suave, lento, como un amante que hace tiempo que conoces pero que aún no has perdido la pasión por él.
Escribo sentada en el bordillo de la ventana que da al balcón.
Esta lleno de polvo que nunca se va, aunque lo barra mil veces.
No sé porque me han entrado ganas de llorar. No sé porque me han dado ganas de escribir.
Dentro de un día vuelvo al trabajo
Ha sido un verano tranquilo, he disfrutado, estoy más morena que nunca. Me gusta verme las piernas bronceadas como si no fuesen mías.
He estado en Cádiz. He tocado África con los dedos. He visto hombres hermosos en tablas de windsurf, y he comido atún por encima de mis posibilidades.
Quiero volver
Sigue lloviendo
Aun espero que mis sueños más íntimos se cumplan. ¿En qué estoy fallando?
Aún es más latente que no soy una mujer hermosa, que mi carisma brilla por su ausencia.
Nadie te amara tanto como yo.....Manolo siempre en el clavo. Siempre pensé que era la canción más triste, esos amores que nunca volverán.
Llueve más fuerte.
Pensaba que me había resignado, que había aceptado las cosas tal y como venían, pero no es así. Sigo atrapada en mi propia jaula, en ese pensamiento de que tengo que hacer lo que los demás dictamen o eso creo percibir y solo quiero ser libre y no me lo permito. Al final, nadie tiene la culpa más que uno mismo. No quiero abrir la cerradura de mi propia vida.
No te digo que sí, porque tengo miedo. Es tan fácil y tan conciso que aterra. Y te cansarás. Y pensarás que soy una pesada. Lo sé. No te vayas nunca.
Sé tantas cosas que acabo no haciendalas, ¿verdad?
No hagáis caso a lo que escribo, hace semanas de aquello.
El sábado me tiraron de la carretera. Un camión atravesó la carretera en diagonal hasta mi carril. Iba por la derecha.
De repente, lo tenía encima, fueron 10 segundos eternos. Pité con todas mis fuerzas, acabé frenando, no sé como. Estaba en el arcén, temblando. Podría haber sido peor.
Solo pensé en el coche, como iba a ir a trabajar con el coche destrozado. Ilusa de la vida.
Estoy bien, sigo conduciendo. No he pensado que mi vida es efímera, soy eterna supongo.
No llega el otoño a este lado de la comarca, solo quiero meterme en la cama con la manta hasta la cabeza. No hay nada nuevo.
Estoy harta de la pandemia.
Echo aún más de menos que antes, no quiero que pase el tiempo. quiero borrar dos años de mierda.
Llegó el final del verano y quise sentarme a escribir y no pude.
Un día amaneció el otoño y mis días eran todos iguales y no había gran cosa que contar.
Ahora, con el invierno encima y el cambio de año, dudo si de verdad, merece la pena escupir algunas palabras de balance de este año tan extraño.
No sé vosotros, pero a mí este año se me ha pasado lento y muy rápido a la vez, un vendaval de donde no sabía muy bien por dónde me venía, pero a la vez he rozado la calma completa.
Y pensar que Enero se me hizo largo, ahora mismo, firmaba para volver aquellos días, en los que solo tenía en la cabeza mis vacaciones de verano.
No soy mejor persona después de la cuarentena, no he sacaso cosas buenas, tal vez ahora tengo más claro lo que no quiero, pero sigo teniendo las mismas dudas, los mismos miedos.
Me siento más en el limbo pero a la vez, este se ha convertido en algo etéreo, en el que refugiarse.
No quiero pasarme de mística, pero es difícil explicar la sensación que tengo, de darle las palabras exactas. Hay días que me siento afortunada, la pandemia no me ha golpeado fuerte y lo agradezco e imploro que la cosa siga igual, como decía una niña en un meme, peor es morirse.
El 2021 no va a traer nada nuevo, no he hecho planes, no tengo propósitos, pero tengo un poco de esperanza, la suficiente para pensar que después de la tormenta viene la calma, aunque para eso quedan muchos meses.
Después de todo este año, me quedo con pocas cosas, las más sencillas. Nunca pensé que tomar un vermut en una terreza de un pequeño bar de pueblo, con el sol del inverno en la cara iba a ser tan maravilloso.
Feliz año queridos, felices nuevas vivencias, muerte al covid
Enorme para más señas. Nunca antes había tenido en propiedad algo tan simbólico, siempre había pertenecido a alguien, la habían comprado por mí, aunque la disfrutase no era mia.
Tengo un objeto.
Ese objeto significa, ser adulto. Menuda chorrada, ¿no? Bueno hasta hace tres años, mis planes de futuro consistían en esperar a que me llamasen de un curro interminente y tener demasiados sueños, pero nada en concreto porque estaba en un limbo vital, ni demasiado jodida ni demasiado feliz.
Ahora tengo algo mío, en el que tengo recelo en estrenar. Siempre digo que me voy a mudar pronto pero llevo un año que no encuentro fecha. Ahora sí, no hay marcha atrás, tengo una cama y al final de cuentas, no necesito mucho más.
Odio la decoración, a estas alturas de la vida, ya me ha quedado claro porque no estudié eso. Mira que sé de muebles pero me resulta frustante buscar una simple silla, o una mesa que se acople a mis gustos.
Todo me resulta feo y lo que me interesa, mi monedero no lo resiste. Cosas de la vida.
Estoy construyendo un hogar y me resulta frustante.
No sé si voy a ser capaz de mantenerme a mi misma, puede sonar estúpido pero le tengo un poco de temor a la libertad que está más allá del nido familiar. Es infantil, lo sé pero no dejo de pensar en ello. Tal vez tendría que pensar menos.
¿Sabéis qué? Me gusta la luz de mi nueva casa, no me había dado cuenta hasta ahora, no es un piso oscuro y me llena el corazoncito de fotógrafa que llevo dentro, aunque hace dos meses que no hago fotos.
Mi vecina nueva es una cotilla, maja, pero ya sabe mi vida. Culpa de mis padres.
Me lo tomo con humor, por lo menos si pasa algo ya tengo quien me avise.
Me han bloqueado por email.
Creo que la última vez que hicieron algo así, aún tenía Messenguer, aunque por Whatsapp no lo he mirado nunca. Me hizo gracia, solo quería ponerme en contacto con él para mandarle un fanzine que hice hace un par de años, nada del otro mundo. Lo educado hubiese sido decirme que no le interesaba o una respuesta parecida.
Odio que no me contesten, da igual donde, de siempre. Prefieron que me digan cualquier chorrada o la verdad, no me gustas, no me mandes más mensajes, no quiero emails tuyo, no quiero saber de ti. Me rebotaría, pero isofacto dejaría de hacerlo y hasta luego.
Si estamos manteniendo una conversación, por lo menos dala por concluida.
Soy de esas personas que no tiene emails pendientes. Sean personales o de curro, los contesto. Siempre he pensado que si alguien se ponía en contacto conmigo, debía tener una respuesta, por educación.
Mi tiempo tiene el mismo valor que el tuyo, sea para lo que sea.
En este verano raro que se acerca, tenía mil planes a lo que no sé si cancelar. Me iba a ir fuera y ahora no sé si mantenerlo o no el viaje. Solo me sabría mal perder el dinero o quedarme bloqueada en otro país. Para lo previsora que soy, esto se me está haciendo más raro que la cuarentena.
El miércoles le pediré al dios pagano del fuego que baje la intensidad de la temporada de 2020, porque este nivel no sé vamos a aguantarlo.
Dicen que el día 21 se acaba el mundo, ya veremos....
Últimamente tengo sueños muy raros, muchos más que en plena pandemia.
He intentado echarme la siesta en este domingo caluroso a dos semanas de la entrada del verano, pero a la media hora de duermevela me había despertado sobresaltada por un sueño demasiado real. Me rompían el corazón, no de modo literal, me dejaban, otro hombre de mi vida desperdiciado en sueños.
Ya que no podía dormir más me ha dado por pensar, no tenía otra cosa mejor que hacer que vegetar.
Mi tema estrella son las relaciones que mantengo con los hombres que son tirando a nulas, bueno en general, soy rarita, ¿una antisocial?. Nuca se me ha dado demasiado bien.
Mis relaciones sentimentales se cuentan con los dedos de una mano, tal vez me sobren dedos para ello.
Tengo nulas habilidades para entablar relación con alguien, negada y torpe para mantenerla el tiempo suficiente para considerar que estás con alguien.
Esto no es dramático, aunque a veces me recree escribiendo con florituras por aquí lo mala que es mi vida, suelo ser bastante feliz o lo intento. He llegado a asumirlo con total normalidad, es más suelo ser más irónica de lo que debería sobre el tema.
Tampoco voy a echarle la culpa a los demás, la verdad, es que he tenido mucha suerte con los hombres que han pasado por mi vida, pero he cometido la estupidez de volarlo todo por los aires.
He tenido citas catastróficas.
Me ha venido a la cabeza cierta historia hace bastante años y que me ha echo pensar en otras y reírme de lo absurdo de mi vida y lo torpe que suelo ser a veces.
Hace unos años quedé con un chico, no era ni tan siquiera una cita, solo era conocernos, ponernos cara, no era de mi ciudad. Habíamos hablado mucho, durante bastante tiempo, al final coincidimos.
La tarde empezó regular, habíamos quedado en un punto medio, en el centro de la ciudad, vino en coche y por norma general lo de aparcar por allí no es muy viable, a mí me extraño que viniese así, viviendo él en una gran urbe. Siempre voy en transporte público, porque lo que no se me ocurrió decirle de aparcar en un parking, así que acabamos en un centro comercial a fer la mar, tomando algo en la típica franquicia random, que suelo odiar porque no se me ocurrió algo mejor donde meter la nave espacial que llevaba como vehículo. Me trastocó todos mis planes, ya que no podíamos ir a cualquiera de los sitios interesantes que tenía en mente, empezabamos bien.
¿Os he contado alguna vez que soy de pensar mis planes y poco de improvisar? Pues imaginar.
La tarde no fue mal ni tampoco bien, podría decirse que más bien neutra, me gustaba más cuando nos escribíamos por email, esas cosas de la imaginación.
La conversación fue por varios caminos, podría decirse que había cierta tensión sexual no resuelta en el ambiente, fantasías por realizar, blusas medio abiertas, ausencia de lencería, paseos con tan solo unos tacones y un abrigo puestos, cosas que se podían hacer en un parking medio vacio, etc...
Al hilo del principio, soy una torpe social, siempre meto la pata haga lo que haga, siempre, no exagero, además de ser lo menos sexy que te puedes cruzar, así que llegó mi climax en esta historia de la forma más absurda.
Decidimos dar por finalizada esa sesión de parloteo y dar una vuelta en coche, me llevaría a casa. Podía elegir donde sentarme, un sitio u otro tenía sus consecuencias, no me atreví, elegí la más fácil. La ropa interior desapareció, las manos recorrieron piel, el calor hizo su aparición. Un dedo rozó mis labios, abrí la boca, acabó dentro para humedecerlo, un momento que debía ser erótico acabé mordiéndoselo sin querer.
Me aturullé.
No os penséis que se lo arranqué, sólo chocó con mis dientes al mover la boca pero todo lo que parecía que iba a llegar se fue, me puse nerviosa por la torpeza. Llevaba unas lentillas que no me dejaban ver bien y se me hacían extrañas, acostumbrada a las gafas, así que debí asustar al muchacho, no era mi intención, él no volvió a intentarlo. Ese momento de fugurante pasión ( no fue tanto) en que debía haber acabado en bolas en un coche se convirtió en un tierra tragame de manual y queriéndo remediar el desastre, pero me llevo a casa elegantemente.
Una pena.
Y lo que pudo ser no fue, ya dicen eso de cuidado con lo que deseas que puede cumplirse y no gustarte.
No ha sido el único desastre en mi "maravilloso" mundo de las citas.
Conocí a un chico en una boda, demasiado sobón, iba para el arrastre. Me dolían los pies y lo abandoné compuesto y sin amiga de la novia esa misma noche. Pero quedamos una semana después, no fue mal. El típico tío guapo que tenía su vida arreglada, buscaba una tipa para cerrar el círculo, yo no estaba en mi mejor momento, estaba en un limbo. Me llevo a un bar muy típico, en donde los bocatas de calamares sin una exquisitez, antes era de barrio y ahora van demasiado guiris que le ha quitado todo el encanto, me gustó, para llevar una tia en la primera cita tal vez, no pero esos sitios me chiflan, pedidomos una bravas y un par de cervecas, acertó.
Se enamoró de mi pelo, le creó una fascinante admiración por lo largo que lo llevaba, ya podría haberme besado en vez de toquitearme el pelo. No llevo muy bien los piropos, siempre pienso que no son reales.
Creo que pensó que era rara porque quise pagar yo. En mi ya larga carrera de cagarla, decidí que una tarde había tenido bastante aunque él insistió en ir a cenar, no quise, quería tener otra cita, alargar aquello y no hacerlo todo el primer día por si iba mal. Aún a día de hoy me pregunto porque lo hice, podría haberlo intentado, me daba igua que le gustase más mi pelo que yo.
Declararse a alguien debería considerarse deporte de alto riesgo y que el mismo día te cruces dos con su ex, debería ser muerte súbita.
Me gustaba un chico, me encantaba más bien. Alto, desgarbado, con el pelo medio largo,simpático, ambicioso y con moto. Me sentía muy cómoda con él, esa sensación de que puedes confiarle cualquier cosa, de que no hacía falta aparentar, podía ser yo misma. Lo conocí en clase de un curso. Error máximo.
Salimos solos varias veces, demasiadas para considerarlo mera amistad. Sentía que había algo, estaba segura que no era fruto de mi imaginación, esta vez no.
Así que me harté de esperar a que pasase algo, las últimas veces que habíamos quedado sentí que estaba raro y decidí que tenía que ser una mujer de mi tiempo y echarle valor, fuese el que fuese el resultado.
Salió mal.
Cenamos en mi barrio, bebí demasiado vino, porque estaba de los nervios, en el fondo sabía que iba a ser un desastre, mi sexto sentido fatalista así me lo indicaba.
Decidimos ir a tomar algo, nos fuimos andando al barrio de al lado, porque había un garito de rock bastante conocido pero tuvimos la mala suerte de que estaba cerrado. Deambulamos por un par de garitos más hasta que dimos por terminada la velada.
De regreso, mi cabeza le salía humo, entre todas las cabilaciones de cuando sería el mejor momento para soltar la bomba y cuando iba hacerlo nos encontramos a su ex. Mi cara un poema.
Ese fin de semana era la fiesta de la patrona de la ciudad, por la noche había eventos en el centro de la ciudad, por lo que la chica y sus amigos iban de camino hacía allí. Nos presentó, fue algo rápido y cada grupo volvió a su camino.
Supongo que fuí muy insconciente y me dió igual mi inmolación y se lo solté al rato de retomar la marcha. Por supuesto, él me dijo que no, me veía como una amiga. Mala intepretación por mi parte, mis pocas esperanzas se desvanecieron pero creo que era un poco cabezonería que sensatez porque no debería haberle dicho nada.
No dormí en toda la noche por la cagada. A la mañana siguiente yendo con mi madre a la romería, me volví a cruzar con su ex, por lo que se vé vivía cerca de mi casa. Fue una señal, si te cruzas con una ex de tu crush no te declares, eso es así.
El tipo, al final era un completo principe azul, buscaba tias a las que salvar y yo ya me apañaba sola con hacerlo por mi misma.
Creo que esta historia ya la había contado, pero hoy tenía demasiadas ganas de escribir tonterias.
No todas mis citas han sido un desastre, pero estas se llevan la palma de la torpeza. Con el tiempo aprendemos de los errores, pero a estas alturas de la vida me da pereza conocer gente, sé que no debería pensar así porque siempre es un buen momento para descubrir cosas nueva pero a veces me faltan herramientas sociales en las que poder desenvolverme, ya empiezo a tener una edad en la que me da igual, no lo anhelo como antes pero si tener una persona en la que apoyarte.
En el fondo solo busco una persona que me aguante, nadie perfecto, solo que al mirarlo ante cualquier chorrada me entienda sin dar explicaciones. Suena a utopia pero a veces ocurre.
¿Habéis oido lo último de Cigarettes after sex? Maravillo
Se supone que somos más libres, ya pasó lo peor, no tengo tanto miedo a salir a la calle, pero no salgo más allá de lo importante, nada me parece demasiado interesante. Quiero pisar la arena de la playa, no bañarme, solo sentarme a mirar el mar.
Fotografío mis manos en una casa vacía que se quedó en stand by hace meses. He descubierto que aún no me he mudado porque tengo un miedo absurdo, no tengo esa expectación de lo nuevo, en vez de estar disfrutándolo, me crea una absoluta indiferencia, como si todo eso no fuera mio y lo estuviese viviendo desde fuera.
Lo bueno de tener una casa vacía, es que la luz no tiene obstáculos y te puedes pasar una hora tirada en el suelo viendo los minutos pasar, porque tampoco tienes nada mejor que hacer, bueno tal vez limpiar el coche, pero tampoco es una gran cosa.
Tengo la esperanza de cuando me traigan la cama y pueda retozar en ella, podré llamarle hogar.
A mí me recuerda al fútbol, cuando los equipos pasan la siguiente ronda de la Champions, unos cabreados como monas y otros vitoreando por el logro.
Para mi zona, llega una semana tarde a lo esperado. Estaba cabreada, no lo voy a negar, no es que quiera nada en especial, sigo sin salir más que lo necesario enfase 0 y lo haré en la 1, pero me resultaba más una decisión fuera del ámbito científico, para calmar ciertos sectores o zonas, que otra cosa, dado los datos de estos dos meses.
Me está empezando a entrar un pánico horrible, miedo tal vez, por todo lo que está saliendo en los medios estos últimos días. Esa crispación insana, esa rabia por obtener el poder a costa de todo y todos, ese modus operandi de incitación a la confrontación, del todo vale, no aceptar los errores si los hubiera, no aceptar ayuda porque hay que derrocar al superior.
No sé si las cosas se han hecho mal o bien, no soy científica ni gestora, a mi criterio las decisiones se han tomado sobre la marcha para poder controlar algo que era intangible, algo invisible que nadie sabía como actuaba, sobrevivir por lo menos sin mayores males de los que ya ha habido. A mí tampoco me gusta estar encerrada en mi casa, sin libertad de movimiento, con la cabeza a mil por hora por lo que puede pasar, viendo pasar los días, con miedo a un futuro raro. Pero soy muy consciente, que debo hacerlo por los médicos que se dejan la piel y por las personas que están enfermas, ser responsable hacia los demás y hacia mi misma.
Me llevan los mil demonios esas manifestaciones de gente con un nivel económico muy alto, con casas el doble que la mía, hasta con jardín o hectarias de terreno donde moverse, quejarse de que no tienen libertad, que están en una dictadura. Les debió ir muy bien en la de verdad para que ahora pidan ese derecho.
Que poco respeto, que poca empatía, como deben estár esas cabezas. Me preocupa más la gente que hace cola por una bolsa de comida que por sus protestas de élite. Ya me gustaría verlos sin un trozo de pan al que meterse a la boca.
Todo esto me está resultado subrrealista, aunque siempre ha sido así, el de abajo intenta sobrevivir y el de arriba solo piensa en el poder que le pueden quitar.
Intento no entrar en temas políticos, pero esto está rozando el límite de mi paciencia, miro la tele asombrada y estupefacta.
Leía en Twitter un tuit sobre porque la gente tenía tanto odio a Madrid. El resto de provincias no odiamos a la capital, pero hay medios de comunicación y políticos les interesa que sea así. Esto me suena mucho al tema de la independencia de Cataluña, el mismo azuzar a las masas en los dos bandos para sembrar mierda.
Hace mucho tiempo, leí un artículo sobre la gestión del Brexit y su triunfo. En el decía, que a un político le era más fácil azuzar a la multitud para que no vieses sus errores que gestionar bien su mandato. Porque al final, son eso, gestores de los bienes públicos de todos los cuidadanos. Muchos conflictos han empezado así y hay que empezar a preocuparse.
Vuelvo el lunes a trabajar. Se me irá la mala leche por otra cosa.
Suerte a todos y que gane el mejor.
Iba a ver a estos señores en directo, dentro de un mes pero ahora tengo que esperar un año. FUCK
Salía al balcón a leer a media tarde, con mi café y en pijama, respiraba un rato para poder desconectar. Los coches desaparecieron trás la implantación del estado de alarma, algo maravilloso si vives al lado de una avenida, donde acabas asimilando el ruido como algo normal para poder dormir.
Tampoco había gente en la calle, que no es que sea un ogro, pero a veces somos demasiado molestos.
Me estaba encantando esta nueva forma de vida...bueno tampoco es que me encante pero no sé si me entendéis, esa forma en la que se ha parado el tiempo, en el que todo hay que tomarselo con calma, en el que el estrés no me produce enfermedad, aunque bueno tampoco se ha ido la ansiedad, pero eso es más culpa del sistema que de otra cosa.
Entiendo a la gente que se queja de que nos han quitado las libertades yo también lo pienso a veces, pero si no fuese por el dinero, creo que podría acostumbrarme, es más he llegado a pensar sino es hora de irse al pueblo, de hacer lo que me plazca, pero siempre está la necesidad de que de algo hay que comer.
Desde el domingo pasado, que salí un rato a ver como seguían las calles, me agobié. Supongo que era lo normal. Estaban las calles llenas de humanos deseseperados por volver a pisar el asfalto, me entró un poco de miedo. En el fondo es lo que más rabia me da, el miedo a algo que es invisible pero aterrador por la eficacia de acción. Solo he vuelto a salir otra vez por obligación, no tengo prisa o sí. Me va y viene por momentos la necesidad de un respiro de mi propia casa, que la decisión sea mia y no de un virus.
Ha vuelto el ruido y me molesta, porque no no es la normalidad de antes.
Tengo mis momentos de aceptación y odio. Ayer acepté que mi ciudad no saliese de la fase 0, hoy estaba rabiosa.
Me he hecho miles de selfies. Nunca salgo en las fotos, porque pienso que siempre salgo fatal, pero ahora tengo la galeria del móvil llena. Al pricipio de la cuarentena, hice un curso online sobre el autoretrato, aunque no lo puse en práctica en su totalidad por la falta de intimidad, creo que se debe a ello en cierta forma que ahora pueda mirar a la cámara sin verme fatal, tengo curiosidad de mi misma.
No tengo una lista para el después, cada vez que intento hacer planes en el futuro me quedo en blanco.
Ayer me fuí a la peluquería, en un arrebato de sentirme persona, un capricho de confinamiento. Me ví muy guapa al salir, me ví mayor en el espejo del ascensor y me gustó lo que ví. Estas cosas me sorprenden, si soy egocéntrica en multitud de cosas pero no en mi propia belleza. Suelo ser la amiga fea, tengo una habilidad pasmosa en pasar desapercibida y a veces me miro de reojo y digo ¡eh nena! ¡estás cañón! xD
Quiero ir a la playa, necesito oler el salitre. No es que tenga unas ganas enormes de bañarme pero necesito que el mar se lleve mis mierdas. Siempre lo digo y lo repito, que el mar siempre se roba los pensamientos y no nada mejor que tu cabeza deje de funcionar por un momento.
Volved a escribir en los blogs insensatos, echo de menos el perderme por las historias de la gente. Sentía esos momentos como especiales, aunque suene cursi, como un pequeño secreto.
He vuelto a releer algunos post de la gente que aún mantiene abierto sus blogs y prefiero esa época que la de ahora, llena de inmediatez.
Cada día escribo y me expreso peor, pero paso de revisarlo.