domingo, 18 de mayo de 2025

Quiero contarte que me ahogo hasta cuando hago pie

Opresión en el pecho.

Mirada perdida.

Deseo de nada

Nauseas.

Lágrimas apunto de saltar.

Ayer tuve un ataque de ansiedad, leve, pero ahí estuvo. El jueves tiré por la borda medio año de mantenerme controlada, serena y consciente. Llevaba una semana de mierda, algo hizo click y me entró un ataque de rabia, una ira medio consciente, que me llevó al lloro extremo.

Solo una persona está consiguiendo que llegue a ese extremo con esas formas de psicópata que tiene. Mi jefa sádica me lleva, cómo si volviese a tener 15 años y me estuviesen riñendo por una gilipollez.

 Y por supuesto, lo permito. Algo en mi cabeza y sobretodo mi hipoteca, me han contenerme de no contratar un abogado y denunciarla por acoso.

 El jueves fue un estúpido email, ella consideró que lo mandé a maldad, porque claro, destapaba lo lerdo que es su amiguito, el sabelotodo. Otras veces han sido algún gesto, o tan solo una contestación un poco subida de tono, del hartazgo que tengo de explicarle las cosas. 

Me tiene miedo, eso estoy segura. Le hago ver que no vale para ser jefa. Todos la sufrimos de una u otra forma. Ese nivel de incompentencia me hace llegar a unos niveles de frustación que no son normales.

No soy nada del otro mundo, me paso la vida equivocándome, pero me gusta trabajar bien en la manera de lo posible.

No quiero vivir con esta rabia que me ahoga. 

He llegado a creerme que soy una amargada, como me soltó una vez.

Me apartada cada veces de proyectos que debería llevar yo. 

Me encantaba mi trabajo, he llegado a ser muy buena en lo que hago, ahora lo odio.

Fantaseo con que me despida.

Me estoy volviendo gris, estoy desapareciendo.  

Me ahogo.