miércoles, 6 de enero de 2021

El año del verano más largo de nuestra vida

 

Llegó el final del verano y quise sentarme a escribir y no pude.

Un día amaneció el otoño y mis días eran todos iguales y no había gran cosa que contar.

Ahora, con el invierno encima y el cambio de año, dudo si de verdad, merece la pena escupir algunas palabras de balance de este año tan extraño. 

No sé vosotros, pero a mí este año se me ha pasado lento y muy rápido a la vez, un vendaval de donde no sabía muy bien por dónde me venía, pero a la vez he rozado la calma completa.  

Y pensar que Enero se me hizo largo, ahora mismo, firmaba para volver aquellos días, en los que solo tenía en la cabeza mis vacaciones de verano.

No soy mejor persona después de la cuarentena, no he sacaso cosas buenas, tal vez ahora tengo más claro lo que no quiero, pero sigo teniendo las mismas dudas, los mismos miedos.

Me siento más en el limbo pero a la vez, este se ha convertido en algo etéreo, en el que refugiarse.

No quiero pasarme de mística, pero es difícil explicar la sensación que tengo, de darle las palabras exactas. Hay días que me siento afortunada, la pandemia no me ha golpeado fuerte y lo agradezco e imploro que la cosa siga igual, como decía una niña en un meme, peor es morirse.

El 2021 no va a traer nada nuevo, no he hecho planes, no tengo propósitos, pero tengo un poco de esperanza, la suficiente para pensar que después de la tormenta viene la calma, aunque para eso quedan muchos meses.

Después de todo este año, me quedo con pocas cosas, las más sencillas. Nunca pensé que tomar un vermut en una terreza de un pequeño bar de pueblo, con el sol del inverno en la cara iba a ser tan maravilloso.

Feliz año queridos, felices nuevas vivencias, muerte al covid