domingo, 29 de junio de 2014

Tatuaje


Hace mucho tiempo, pillé de la biblioteca un libro de ficción histórica que transcurría en la Florencia renacentista. En las primeras páginas, contaban el momento en que amortajada a una monja, la abadesa, la desvestía, y la lavaban y es ahí donde descubrían que no había muerto por un tumor si no por suicidio y además tenía algo muy curioso, un tatuaje de una serpiente que le recorría el cuerpo desde el final de la espalda hasta el mismo monte de venus...

Desde entonces esa idea me surge muy a menudo a la cabeza, tener algo monumental en mi piel, algo que sea muy explendido, ¿habéis visto el que lleva Amaral en la espalda? pues algo así rozando el garrulismo, pero luego está mi lado fino, que busca algo más recatado, minúsculo y me viene a la cabeza una flor de lis y un nudo de rizo, porque cosas de mi vida, algo solo mio.

Sé que nunca llegará a tocarme una aguja en la piel, porque me arrepentiré, lo he sabido de siempre, me fascinan pero no son para mi. Diréis que nunca diga nunca, pero con lo indecisa que soy, me haga lo que me haga nunca estaré conforme.

Con toda esta mala época que me acompaña, me ha dado por pensar en los tatuajes del alma, en las huellas que nuestros actos y el de los demás nos imprimen. Hechos pequeños o grandes, amistades o traiciones, todo ello impregando en la piel y la memoria, que perduran sin poder eliminarlos, y que debes aprender a llevarlos o aceptarlos,

Hasta nosotros dejamos huellas en los otros, son hechos cognitivos, que se realizan sin darnos cuenta, que no repercuten en el mismo momento sino en un futuro cercano, pertenecen a nuestro caracter a nuestra forma de ser, no podemos saber si es bueno o malo por el interés de ese momento o si lo será, pero a veces no llegamos a saberlo del todo hasta que pasa mucho tiempo y vemos las consecuencias de ello o no, también los hay inmediatos, hechos aposta como todo.

He hecho ejercicios para recordar que huellas, que tatuajes llevo conmigo en el alma, suena muy espiritual, pero nunca me habría planteado que muchos de mis actos están relacionados con cosas insignificantes que pasaron hace mucho tiempo y mi memoria los tatuó para no olvidarlos.
Dicen que tenemos memoria genética, siempre me ha fascinado eso, heredamos las mejoras genéticas, como el carácter y eso me lleva a pensar en que al final siempre nos comportaremos como nuestros padres con una cierta mejora.
¿Los tatuajes se pueden borrar? los físicos sí, con mayor o menor suerte, y con un láser potente puedes borrar una equivocación, pero y ¿los del alma?, yo creo que no, intentas minorarlos convivir con ellos, aprender que están ahí pero puede hacer otros que los tapen.
¿Cuándo te das cuenta que ya no puedes llevar más?, no lo sé, supongo que cuando te mueres, es el único destino.
Quiero vivir con mis tatuajes, saber recordarlos con cierto cariño sino, no sería yo, pero que no me amarguen la existencia, todo está en la importancia que le de a ello supongo. En lo que permita que ellos me afecten, en lo que deje volar la imaginación y el decir un basta a tiempo, para que no escuezan demasiado.

Cuando alguien te tatua, puede ser lo más bonito del mundo, dejar la huella en alguien, es hacerlo tuyo, no en plan egoista sino algo así como enriquecedor, aprendemos de los demás, enseñamos aquello que aprendimos nosotros en el pasado, vivir herendando pero puede ser peligroso y hasta despótico y a veces se hace sin querer.

Me ha quedado una bonita metáfora de la vida para las horas que son y lo aburrida que estoy, intentando pensar que debo seguir estudiando algo que no me gusta y no me llena y debo mentalizarme  y como he descubierto esta semana, creo que no quiero crecer o madurar y ya va siendo hora porque me he convertido en mi propio obstáculo, mi tatuaje más permanente.

Esta canción siempre me ha encantado, no hay letra más amarga y triste que esta


domingo, 22 de junio de 2014

Cuando el pánico venció al Mundial.



Me quedo mirando el cielo, parada en en la explanada de entrada a la estación, es demasiado temprano para pensar, pero ahí estoy yo, viendo como el sol ilumina la fachada. Saco el móvil y hago una foto fugaz, con vergüenza al hacerla y me reprendo por ello, por no debería tener esos pensamientos inútiles, y a la gente en general le da igual, que haga una desconocida, 10 segundos después me habrán olvidado.

Sigo quieta un poco más y respiro, noto un cierto ahogo,pero ya sé lo que es y me pongo en marcha corriendo a sacar el billete, un viaje más, la misma rutina otra vez, mismo paisaje, mismas decisiones

Son las 7:30 de la mañana de un martes y sé que se viene lo peor.

 Al levantarme una hora antes no me había reconocido, mi pelo estaba enmarañado, los ojos hinchados y las ojeras negras, llevaba varios días son dormir bien, sin dejar de pensar y me he dado que falta poco para romperme otra vez y así sucedería.

Nunca creía que que mi mente fuese tan poderosa, para lo bueno y para lo malo. Estaba contenta, empezaba (y sigo haciendolo) a ver todo lo malo que me estaba provocando, a buscar, a escarvar y proponerme pequeños pasos, a darme cuenta que la valía es aquella que tú quieras darte y la valentía, las ganas de comerte el mundo, pero no contaba que mi viejo enemigo, seguía a la espera para atacar otra vez.

Y me rompí.

El pánico volvió con más fuerza o con la misma, pero volviendome mucho más vulnerable, recordandome mis miedos y sus circunstancias. El bloqueo a no poder decidir que hacer y ser consecuente con ello, a que me pesase demasiado todo.
No sabéis (o tal vez si) la sensación de como te vas haciendo más pequeña, como intentas agarrarte a un resquicio de serenidad, de fuerza. Te ves tan absolutamente inútil, sin ser capaz de tener un pensamiento racional.
He llegado a pensar que no servía para nada, que nunca alcanzaría nada, que todo mi esfuerzo no valía nada. Que el mero hecho de no poder enfrentarme a un examen que hacía una idiota, que era demasiado mayor para todo. El dolor en el pecho comenzaba de nuevo y solo quería que alguien me agarrase, me diese una torta, me abrazase muy fuerte y no me dejase caer, que mis lágrimas fuesen un empujón a seguir y no un obstáculo. Sigue en mi cabeza la idea de que no quiero afrontar esto porque no quiero madurar y ya no sé que pensar, si es verdad o no, que he seguido un camino impuesto, que me he comportado como los demás querían y ahora estoy perdida y sin saber que elegir.

Pero hay algo bueno en todo esto, y es que es mejor sacarlo todo fuera, he tenido una de las conversaciones más sinceras con una persona importante, quiero darme cuenta que puedo afrontar las cosas, que no debe ser tan malo, que a veces sale bien y otras mal y que todas las decisiones tienen algo bueno. Quiero pensar que tengo un bonito futuro por delante haciendo las cosas que más me apasionen y no tener miedo a arriesgarme.

He cambiado la lista de objetivos que me mandaron hacer unas semanas, porque lo que creía que eran mis metas solo eran cadenas, ahora soy yo la primera, o espero ser, con esfuerzo como siempre.

Creo que es la primera vez que me abro tan en canal, lo necesitaba, en serio, creo que esto es demasiado importante para mi, me había visto caer pero no tanto,  nunca he sido una persona de dejar las cosas sin acabar y he luchado, pero a veces me supera, la sensación de esperar a que alguien lo haga por ti son grandisimas, meterme en la cama y esperar. Hace tiempo que me lo prohibí, pero soy humana y lleva tiempo cambiar y pensar que tengo más cosas buenas que malas, y que nadie matará mis monstruos por mi, debo hacerlo yo antes de enfrentarme al mundo.

No estoy tan mal, en serio, solo es una mala racha, muy mala que pienso ponerle fin, estoy comenzando poco a poco y aprendiendo.