Tenía la esperanza de que no me pillase en plena cuarentena pero al final no ha podido ser. Lo que se preveía como un día muy raro, se convirtió en maravilloso.
No soy de celebrar los cumpleaños, no tenía nada pensado para este año, iba a improvisar un poco, pero el confinamiento dio un poco la vuelta a la tortilla.
Me apetecía hacer algo diferente que me hiciese quitarme el pijama que llevo todos días (yo soy de los que ha mandado a la mierda lo de cambiarse por el día).
Encargué la tarta, que para más inri era sorpresa, me llegó el sábado y fue alucinante.
Enredé a mi madre en hacer varios bizcochos para repartir por la escalera acompañados con chuches y compré globos para el balcón.
Como toda calle en España, después de los aplausos, se empezó a poner música y a celebrar los cumpleaños, porque tengo unas vecinas muy saladas y el mio no podía faltar. Pero las jodías me sorprendieron con una mega pancarta felicitándome.
Así que podéis imaginar mi sorpresa. De preverse un cumple cutre, fue un día fantástico.
También me hicieron una videoconferencia por sorpresa, me llamaron y mandaron mensajes un montón de gente, me sentí enormemente feliz y afortunada.
Un día para no olvidar.


