sábado, 20 de junio de 2020

Me embriagaron mis anhelos de verdad

Soy propietaria de una cama.

Enorme para más señas. Nunca antes había tenido en propiedad algo tan simbólico, siempre había pertenecido a alguien, la habían comprado por mí, aunque la disfrutase no era mia.

Tengo un objeto.

Ese objeto significa, ser adulto. Menuda chorrada, ¿no? Bueno hasta hace tres años, mis planes de futuro consistían en esperar a que me llamasen de un curro interminente y tener demasiados sueños, pero nada en concreto porque estaba en un limbo vital, ni demasiado jodida ni demasiado feliz.

Ahora tengo algo mío, en el que tengo recelo en estrenar. Siempre digo que me voy a mudar pronto pero llevo un año que no encuentro fecha. Ahora sí, no hay marcha atrás, tengo una cama y al final de cuentas, no necesito mucho más.

Odio la decoración, a estas alturas de la vida, ya me ha quedado claro porque no estudié eso. Mira que sé de muebles pero me resulta frustante buscar una simple silla, o una mesa que se acople a mis gustos.

Todo me resulta feo y lo que me interesa, mi monedero no lo resiste. Cosas de la vida.

Estoy construyendo un hogar y me resulta frustante.

No sé si voy a ser capaz de mantenerme a mi misma, puede sonar estúpido pero le tengo un poco de temor a la libertad que está más allá del nido familiar. Es infantil, lo sé pero no dejo de pensar en ello. Tal vez tendría que pensar menos.

¿Sabéis qué? Me gusta la luz de mi nueva casa, no me había dado cuenta hasta ahora, no es un piso oscuro y me llena el corazoncito de fotógrafa que llevo dentro, aunque hace dos meses que no hago fotos.

Mi vecina nueva es una cotilla, maja, pero ya sabe mi vida. Culpa de mis padres.
Me lo tomo con humor, por lo menos si pasa algo ya tengo quien me avise.

Me han bloqueado por email.

Creo que la última vez que hicieron algo así, aún tenía Messenguer, aunque por Whatsapp no lo he mirado nunca. Me hizo gracia, solo quería ponerme en contacto con él para mandarle un fanzine que hice hace un par de años, nada del otro mundo. Lo educado hubiese sido decirme que no le interesaba o una respuesta parecida.

Odio que no me contesten, da igual donde, de siempre. Prefieron que me digan cualquier chorrada o la verdad, no me gustas, no me mandes más mensajes, no quiero emails tuyo, no quiero saber de ti. Me rebotaría, pero isofacto dejaría de hacerlo y hasta luego.

Si estamos manteniendo una conversación, por lo menos dala por concluida.

Soy de esas personas que no tiene emails pendientes. Sean personales o de curro, los contesto. Siempre he pensado que si alguien se ponía en contacto conmigo, debía tener una respuesta, por educación.


Mi tiempo tiene el mismo valor que el tuyo, sea para lo que sea.


En este verano raro que se acerca, tenía mil planes a lo que no sé si cancelar. Me iba a ir fuera y ahora no sé si mantenerlo o no el viaje. Solo me sabría mal perder el dinero o quedarme bloqueada en otro país. Para lo previsora que soy, esto se me está haciendo más raro que la cuarentena.

El miércoles le pediré al dios pagano del fuego que baje la intensidad de la temporada de 2020, porque este nivel no sé vamos a aguantarlo.

Dicen que el día 21 se acaba el mundo, ya veremos....


¿Este hombre es maravilloso? Lo es.


5 comentarios:

Laura dijo...

Mi tiempo tiene el mismo valor que el tuyo, sea para lo que sea.

Me pasa igual, me da mucha rabia cuando no contestan.

Y lo de las vacaciones, nunca un mes me había parecido tanto tiempo... como un plan a largo plazo....

Mierda de año (perdón por el taco)

Besitos.

José A. García dijo...

¿Tenemos objetos o los objetos nos tienen?
Nunca he logrado responderlo.

Saludos,

J.

Ikana dijo...

Una luz bonita en un piso bonito :D

dEsoRdeN dijo...

Irte a vivir sola es lo mejor que harás en tu vida, no tengas ningunda duda! Es maravilloso! Pocas libertades mayores que esa se me ocurren. No puedo ni imaginarme tener que convivir con alguien a estas alturas de la vida...

A mi también me gusta contestar si alguien se ha tomado el tiempo en escribirme (en el trabajo, o lo típico del día de cumpleaños que te escribe mucha gente por whats o FB...). Pero diferencio mucho los mails realmente escritos dirigiéndose a mi y los que son spam, información sin más o los que quieren vender la moto a nivel masivo. En mi curro tengo casi 13.000 mails por abrir acumulados (nunca los borro; es una mezcla de "por si acaso" y de "paso de perder mi tiempo en eso").

Y en el tema whatsapp me pasa una cosa casi inversa: me pone muy nervioso la gente que le escribes y te responde siempre al instante de manera sistemática. Para mi el mundo virtual es completamente secundario y siempre va a ser prioridad lo que estoy haciendo en la vida real (sea estar trabajando, leyendo, escuchando música, estar charlando con alguien...). Me parece de una mala educación terrible estar hablando con alguien y que esté todo el rato mirando o contestando mensajes. Los whatsapp son muy intrusivos (y ya no digo las llamadas), y no permito nunca que interfieran en lo que esté haciendo en ese momento, y contesto cuando tengo el momento, las ganas y la posibilidad de responder en el caso que el interlocutor responda al instante y se establezca un diálogo (cosa que odio bastante). Por eso suelo aprovechar momentos muertos como los viajes en metro o bus, mientras hago la comida, o situaciones de este tipo. Y a quien apalizaría sin piedad es a la gente que camina por la calle mirando y escribiendo con el móvil. Incivismo, egoísmo y adicción, tres en uno.

Jessica L. Smith dijo...
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