miércoles, 3 de junio de 2020

La cuarentena sigue de una forma extraña.

Se supone que somos más libres, ya pasó lo peor, no tengo tanto miedo a salir a la calle, pero no salgo más allá de lo importante, nada me parece demasiado interesante. Quiero pisar la arena de la playa, no bañarme, solo sentarme a mirar el mar.


Fotografío mis manos en una casa vacía que se quedó en stand by hace meses. He descubierto que aún no me he mudado porque tengo un miedo absurdo, no tengo esa expectación de lo nuevo, en vez de estar disfrutándolo, me crea una absoluta indiferencia, como si todo eso no fuera mio y lo estuviese viviendo desde fuera.

Lo bueno de tener una casa vacía, es que la luz no tiene obstáculos y te puedes pasar una hora tirada en el suelo viendo los minutos pasar, porque tampoco tienes nada mejor que hacer, bueno tal vez limpiar el coche, pero tampoco es una gran cosa.

Tengo la esperanza de cuando me traigan la cama y pueda retozar en ella, podré llamarle hogar.

Me queda la mitad de la mudanza por hacer.