Últimamente tengo sueños muy raros, muchos más que en plena pandemia.
He intentado echarme la siesta en este domingo caluroso a dos semanas de la entrada del verano, pero a la media hora de duermevela me había despertado sobresaltada por un sueño demasiado real. Me rompían el corazón, no de modo literal, me dejaban, otro hombre de mi vida desperdiciado en sueños.
Ya que no podía dormir más me ha dado por pensar, no tenía otra cosa mejor que hacer que vegetar.
Mi tema estrella son las relaciones que mantengo con los hombres que son tirando a nulas, bueno en general, soy rarita, ¿una antisocial?. Nuca se me ha dado demasiado bien.
Mis relaciones sentimentales se cuentan con los dedos de una mano, tal vez me sobren dedos para ello.
Tengo nulas habilidades para entablar relación con alguien, negada y torpe para mantenerla el tiempo suficiente para considerar que estás con alguien.
Esto no es dramático, aunque a veces me recree escribiendo con florituras por aquí lo mala que es mi vida, suelo ser bastante feliz o lo intento. He llegado a asumirlo con total normalidad, es más suelo ser más irónica de lo que debería sobre el tema.
Tampoco voy a echarle la culpa a los demás, la verdad, es que he tenido mucha suerte con los hombres que han pasado por mi vida, pero he cometido la estupidez de volarlo todo por los aires.
He tenido citas catastróficas.
Me ha venido a la cabeza cierta historia hace bastante años y que me ha echo pensar en otras y reírme de lo absurdo de mi vida y lo torpe que suelo ser a veces.
Hace unos años quedé con un chico, no era ni tan siquiera una cita, solo era conocernos, ponernos cara, no era de mi ciudad. Habíamos hablado mucho, durante bastante tiempo, al final coincidimos.
La tarde empezó regular, habíamos quedado en un punto medio, en el centro de la ciudad, vino en coche y por norma general lo de aparcar por allí no es muy viable, a mí me extraño que viniese así, viviendo él en una gran urbe. Siempre voy en transporte público, porque lo que no se me ocurrió decirle de aparcar en un parking, así que acabamos en un centro comercial a fer la mar, tomando algo en la típica franquicia random, que suelo odiar porque no se me ocurrió algo mejor donde meter la nave espacial que llevaba como vehículo. Me trastocó todos mis planes, ya que no podíamos ir a cualquiera de los sitios interesantes que tenía en mente, empezabamos bien.
¿Os he contado alguna vez que soy de pensar mis planes y poco de improvisar? Pues imaginar.
La tarde no fue mal ni tampoco bien, podría decirse que más bien neutra, me gustaba más cuando nos escribíamos por email, esas cosas de la imaginación.
La conversación fue por varios caminos, podría decirse que había cierta tensión sexual no resuelta en el ambiente, fantasías por realizar, blusas medio abiertas, ausencia de lencería, paseos con tan solo unos tacones y un abrigo puestos, cosas que se podían hacer en un parking medio vacio, etc...
Al hilo del principio, soy una torpe social, siempre meto la pata haga lo que haga, siempre, no exagero, además de ser lo menos sexy que te puedes cruzar, así que llegó mi climax en esta historia de la forma más absurda.
Decidimos dar por finalizada esa sesión de parloteo y dar una vuelta en coche, me llevaría a casa. Podía elegir donde sentarme, un sitio u otro tenía sus consecuencias, no me atreví, elegí la más fácil. La ropa interior desapareció, las manos recorrieron piel, el calor hizo su aparición. Un dedo rozó mis labios, abrí la boca, acabó dentro para humedecerlo, un momento que debía ser erótico acabé mordiéndoselo sin querer.
Me aturullé.
No os penséis que se lo arranqué, sólo chocó con mis dientes al mover la boca pero todo lo que parecía que iba a llegar se fue, me puse nerviosa por la torpeza. Llevaba unas lentillas que no me dejaban ver bien y se me hacían extrañas, acostumbrada a las gafas, así que debí asustar al muchacho, no era mi intención, él no volvió a intentarlo. Ese momento de fugurante pasión ( no fue tanto) en que debía haber acabado en bolas en un coche se convirtió en un tierra tragame de manual y queriéndo remediar el desastre, pero me llevo a casa elegantemente.
Una pena.
Y lo que pudo ser no fue, ya dicen eso de cuidado con lo que deseas que puede cumplirse y no gustarte.
No ha sido el único desastre en mi "maravilloso" mundo de las citas.
Conocí a un chico en una boda, demasiado sobón, iba para el arrastre. Me dolían los pies y lo abandoné compuesto y sin amiga de la novia esa misma noche. Pero quedamos una semana después, no fue mal. El típico tío guapo que tenía su vida arreglada, buscaba una tipa para cerrar el círculo, yo no estaba en mi mejor momento, estaba en un limbo. Me llevo a un bar muy típico, en donde los bocatas de calamares sin una exquisitez, antes era de barrio y ahora van demasiado guiris que le ha quitado todo el encanto, me gustó, para llevar una tia en la primera cita tal vez, no pero esos sitios me chiflan, pedidomos una bravas y un par de cervecas, acertó.
Se enamoró de mi pelo, le creó una fascinante admiración por lo largo que lo llevaba, ya podría haberme besado en vez de toquitearme el pelo. No llevo muy bien los piropos, siempre pienso que no son reales.
Creo que pensó que era rara porque quise pagar yo. En mi ya larga carrera de cagarla, decidí que una tarde había tenido bastante aunque él insistió en ir a cenar, no quise, quería tener otra cita, alargar aquello y no hacerlo todo el primer día por si iba mal. Aún a día de hoy me pregunto porque lo hice, podría haberlo intentado, me daba igua que le gustase más mi pelo que yo.
Declararse a alguien debería considerarse deporte de alto riesgo y que el mismo día te cruces dos con su ex, debería ser muerte súbita.
Me gustaba un chico, me encantaba más bien. Alto, desgarbado, con el pelo medio largo,simpático, ambicioso y con moto. Me sentía muy cómoda con él, esa sensación de que puedes confiarle cualquier cosa, de que no hacía falta aparentar, podía ser yo misma. Lo conocí en clase de un curso. Error máximo.
Salimos solos varias veces, demasiadas para considerarlo mera amistad. Sentía que había algo, estaba segura que no era fruto de mi imaginación, esta vez no.
Así que me harté de esperar a que pasase algo, las últimas veces que habíamos quedado sentí que estaba raro y decidí que tenía que ser una mujer de mi tiempo y echarle valor, fuese el que fuese el resultado.
Salió mal.
Cenamos en mi barrio, bebí demasiado vino, porque estaba de los nervios, en el fondo sabía que iba a ser un desastre, mi sexto sentido fatalista así me lo indicaba.
Decidimos ir a tomar algo, nos fuimos andando al barrio de al lado, porque había un garito de rock bastante conocido pero tuvimos la mala suerte de que estaba cerrado. Deambulamos por un par de garitos más hasta que dimos por terminada la velada.
De regreso, mi cabeza le salía humo, entre todas las cabilaciones de cuando sería el mejor momento para soltar la bomba y cuando iba hacerlo nos encontramos a su ex. Mi cara un poema.
Ese fin de semana era la fiesta de la patrona de la ciudad, por la noche había eventos en el centro de la ciudad, por lo que la chica y sus amigos iban de camino hacía allí. Nos presentó, fue algo rápido y cada grupo volvió a su camino.
Supongo que fuí muy insconciente y me dió igual mi inmolación y se lo solté al rato de retomar la marcha. Por supuesto, él me dijo que no, me veía como una amiga. Mala intepretación por mi parte, mis pocas esperanzas se desvanecieron pero creo que era un poco cabezonería que sensatez porque no debería haberle dicho nada.
No dormí en toda la noche por la cagada. A la mañana siguiente yendo con mi madre a la romería, me volví a cruzar con su ex, por lo que se vé vivía cerca de mi casa. Fue una señal, si te cruzas con una ex de tu crush no te declares, eso es así.
El tipo, al final era un completo principe azul, buscaba tias a las que salvar y yo ya me apañaba sola con hacerlo por mi misma.
Creo que esta historia ya la había contado, pero hoy tenía demasiadas ganas de escribir tonterias.
No todas mis citas han sido un desastre, pero estas se llevan la palma de la torpeza. Con el tiempo aprendemos de los errores, pero a estas alturas de la vida me da pereza conocer gente, sé que no debería pensar así porque siempre es un buen momento para descubrir cosas nueva pero a veces me faltan herramientas sociales en las que poder desenvolverme, ya empiezo a tener una edad en la que me da igual, no lo anhelo como antes pero si tener una persona en la que apoyarte.
En el fondo solo busco una persona que me aguante, nadie perfecto, solo que al mirarlo ante cualquier chorrada me entienda sin dar explicaciones. Suena a utopia pero a veces ocurre.
¿Habéis oido lo último de Cigarettes after sex? Maravillo
3 comentarios:
Me aturullé... jajajaja
Linda torpeza la tuya 😍
Nos vamos a quedar (las dos) pa' vestir santos.
Besitos.
Ay, los momentos tierra trágame... Como te entiendo xD
Laura, ya me doy por perdida jajajaja. Realmente nunca me ha importado lo de vestir santos pero a veces agradecería que mis citas salieran bien alguna vez XD
Son los peores Ikana :D
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