Mary Ellen Mark
Me he llevado la mano a mi cuello, la he bajado poco a poco, he recorrido mi clavícula de un lado a otro, he acariciado mi seno derecho como lo hacías tú, avanzando en círculos lentamente coronando la cúspide.
He abrazado mis costillas con fuerza.
Me he ahogado de nostalgia.
Hoy me he reconocido en el espejo, he visto un poco de aquello que creía ser. He salido a la calle sin pensar que tal vez nos volviésemos a encontrar, soy algo más libre, soy algo más fuerte.
Ya no busco si estás conectado o que foto tienes.
Ya no te extraño...
... o casi.
Mi piel te recuerda. Eres como una vieja lesión, que vuelve a ser recordada un mal día en el que cambia el tiempo. No la esperas pero por unas horas late con fuerza.
No quiero que vuelvas, no quiero verte, pero si saber de ti. Las ausencias nunca cicatrizan.
No lo hicimos bien, no hubo culpables, ni revanchas. Nunca supimos entendernos, nunca supimos querernos, solo aferrarnos a una tabla a la deriva en un momento en el que era mejor soltarla, pero que ante un naufragio, el miedo a hundirse podía más que buscar otro salvavidas.
Hoy me han hablado de ti, no he podido remediar acariciar mi piel, no he podido remediar que tu ausencia era más fuerte que mis ganas. No he podido estar sin ti.
3 comentarios:
Ohhhh maravillosa vuelta
Hoy estuve escribiendo sobre algo parecido.
El ya no, pero aún.
De echar de menos a alguien aunque sabes de sobras que estás mejor sin el/ella.
De no sentirnos felices (del todo) ahora pero con ellos tampoco.
En fin, un lío esto de ser consciente...
Cuando no lo era tanto, me iba mucho mejor...
🙂 Un beso, ahora, ya.
Suena a dolor intenso
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