"...hace mucho muchisimo
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno.."
que yo no me enfrentaba
como anoche al espejo
y fue implacable como vos
mas no fue tierno.."
La culpa de uno
Mario Benedetti
Cerró el libro con tristeza, últimamente recorría librerías viejas con sus estaterías llenas de libros que ya nadie compraba, él si y compulsivamente. Paseaba sus dedos por los lomos llenos de polvo, leyendo el nombre de sus autores como un mantra, intentando llenar algo que había perdido, convencido de que adentrandose en las historias de otros, la suya sería menos dura, lo anestesiarían por un periodo largo de tiempo, pero los libros son amantes vengativas que siempre recuerdan que hay otros como nosotros, que el dolor, el desamor y otras vivencia van siempre de la mano.
Ella le regaló aquel libro, una antología de Benedetti, no le gustaba la poesía siempre le había resultado triste, lo llevo a pasear por librerías una tarde cualquiera y eligió ese libro al azar, pero fue ella la escogida por ese cuaderno negro lleno de palabras, no él.
Ahora lo tenía entre las manos, intentando leerlo, para poder recordarla, para poder volver a ver su vestido lleno de flores, su mata de pelo ensortijado, sus manos grandes, sus ojos azul verdosos. Los silencios son más crueles que las medias verdades, que las mentiras. Es en esos momentos, cuando ve los libros esparcidos por el suelo, en los que se arrepiente de no haber hablado a tiempo. La vío refugiarse en ellos, cambiar el brillo de sus ojos, la pena cayó como una losa, se contagió como un virus.
No está, pero sigue preguntandose que hizo mal, o tal vez a que le tuvo miedo. No sabe si preguntar por ella, a veces la nostalgia nos juega malas pasadas, nos hace más cobardes.
Sigue sin estar bien lo sabe pero ya poco puede hacer, la vida puede hacernos cambiar de milesimas de segundo y a ella la hundió sin remedio, las cosas no salieron bien. Tal vez las piedras pesaban demasiado, tal vez no supo mitigarle el peso.
La extrañaba, en el fondo, llegamos a conocer el amor por unos momentos, unas horas, unos días o años, y luego cuando eso se pierde, cuando se es conciente de todo el poder que hizo la química, lo echamos demasiado en falta, cual droga, ya que sabemos que tal vez no regresen esas sensaciones.
Logró desaparecer, borrar su rastro para empezar de nuevo y dejar que los libros escribiesen su historia.
....Y él, sigue ahí rodeado de libros, odiandolos, por todo aquello que no tuvo y ellos le recuerdan que nunca tendrá, , leyendo un poema, que le hace sentir que ya no queda nada, solo esperarla.
4 comentarios:
Como he dicho varias veces, la vida tiene una letra bien triste, pero una melodía preciosa, es agridulce, como tu relato, como la canción que has puesto (de cuando Dylan tenía voz no como ahora. También canta Johnny Cash, qué puntazo) que me ha parecido precioso. No desfallezcas mujer, a veces las cosas cambian cuando menos te lo esperas (sé que es fácil decirlo, pero uno está en las mismas).
Mucha razón, debería plantearme cual es la mia y si debo poner la cara B. Como todo, me la encontré de casualidad la canción, y no me pudo parecer más bonita, la letra, la melodía, todo, era lo que sentía en ese momento. Creo que he dejado de esperar a que las cosas cambien y he aceptado convertirme en un zombie, algún día nos tocará algo bueno, no?
Biquiños rey
muchas gracias por el piropo que me has echado por mi blog! (:
llevo tiempo sin leerte, pero en cuanto termine de exámenes estoy por aquí!
un beso, y feliz verano! :D
Supongo que es uno de los peligros de utilizar la literatura como refugio.
En cualquier caso soy de la opinión, de que hay tantas personas interesantes en el mundo... que si con una el barco termina hundiéndose, llegará otra. Sólo hay que saber soltar lastre al fin. Quedarse varado no sirve de nada, cuando encima puede evitarse, aunque en algunas ocasiones pueda parecer que no.
Lo siento por él. Una pena.
Un beso, guapísima.
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